viernes, 22 de enero de 2021

 No tengo recuerdo de haberme sentido tan huérfano como hoy. A sabiendas que la decepción no me toma por sorpresa, no puedo evitar sentirme perplejo. Yo que me prometí no pasar por esto, me siento  desprevenido, cautivo y dándome por recién enterado de este tan revisado dolor. Estoy llegando a los cincuenta con un agobio desmesurado. Cobarde aunque resuelto, abrazo la melancolía sin argumentos, sin conjeturas, capitulando al reconocer que la vida no es un algoritmo que  por el contrario en su irresoluta esencia se cimenta su naturaleza. Raras veces he sido convocado por el miedo, pero esta noche tuvimos una reunion urgente, imprevista; me parafraseo esa parte del tránsito que hasta ahora había logrado sortear.

El miedo me habló de sus miedos pero por sobretodo me trajo a colación los míos y me redujo con una facilidad impresionante a reconocer mi tan vulnerable condición. 

Perdí la cuenta de los soles que he tomado prestado y las noches con que los he pagado. Tras una vida abocada al culto de lo efímero, me veo avanzando en edad, cubriendo años insospechados con un metrónomo que así como me atormenta me da esa absurda resiliencia característica de nuestra especie; inherente a la  condición humana, esa misma que permite postergar la estupidez.

Si algo le agradezco a Dios es el habernos hecho mortales, sería insoportable acompañarlo a perpetuidad en este arquetipo tan mal diseñado. Dios es tan desacertado como nosotros, amoroso, errático y contrario a nosotros, comprometido a perpetuidad a a vivir con sus errores. Estoy convencido que nos ha dispensado de creer en él, así como el productor de una obra teatral que asume su fiasco y nos devuelve la entrada.

Dios es tan pero tan humano... Me dá por pensar que la Fé no da tregua, ahí tenemos un guardián a tiempo completo, de ojos siempre vigilantes en todo el globo, con líneas rotativas atendiendo todos nuestros miedos. Un Dios tan pero tan humano que para no pecar de humilde dio  por resuelto el algoritmo del génesis en seis días, tomando el séptimo para descansar; caradura, tendrías que haberte tomado un mes.

Espero que te quede claro de una vez por todas destino de mierda que soy tan imprescindible como tú, tan necesario, participe, cómplice; es más me atreviera a aseverar que sin mí no tendrías sentido alguno.

Pernoctarías en el pudo ser, buscandome desesperado, sabiéndote sin otro cómplice que yo. Si és así, que los dos sabemos que lo és, no te parece que deberías por ahí ser más  indulgente, humilde y compañero conmigo. Me cansan  tus abusos y tu exceso de protagonismo. Destino ven juega en equipo.

Todo el asfalto, la tecnología y la parafernalia  que nos une no ha podido resolver más bien han agrandado nuestras distancias.

Cuantos soles habré conquistado y ante cuantas noches habré claudicado?


Vida tu silencio parece saberlo todo, pensé que hablar era la manera en que me había   tocado enmudecer; silencio que con tu sola presencia en el pentagrama apocas al más grande de los bardos.

Tendré que repensar la muerte poniéndole fin a todos esos artilugios modernos que nos han perpetuado, estupefactos, impávidos, presos para renacer en la misma estupidez.



No hay comentarios:

Publicar un comentario